29 janv. 2006

Placido sueño no te borra

En memoria de Eduardo Olivares Q.E.P.D.

Dedicado a sus padres: Eduardo y Malicha

I

No bastarán todas las caídas del sol frente a los ojos del universo

Ni tu reflejo borrándose bajo la lluvia que cae en nuestras orillas

Ni el grito de un árbol que quiebra sus ramas por la nieve

O el corazón que hunde su amor en el desierto,

No podrán ser el retrato en alguna parte de tu vacío

Entumecidos suficiente para callar el surco de tu estela

En la mañana que deshiló tu traje en la niebla

Brotaron en la memoria tantas huellas de olvido y recuerdo

que la tierra abierta con tus alas recogió la manta

de tus hombros dormidos hasta revelar la roja señal

en la mirada que nos refleja con su brutal silencio

Después del abrazo que tendiste hacia el amor

después de las risas que encumbraron los mares

y las pausas que regaron el dulce anillo de tu frente,

¡No será esa reserva arrancada hacia el signo del olvido!



II

Lágrimas atrás del tiempo no acercan la ficción

De tu cabeza dormida en mi cobijo lunar

Debajo de mis cáscaras llevaron su paisaje abandonado

Los dedos que inventé al soñar que florecíamos

Al borde de la noche imagino tu mirada llena de viento,

Hace al cielo bañarse en los oídos del alma para lucir en ti

Una voz que se traga el gesto triste y viajan por la sangre

Átomos de tu bosque remeciendo la opaca lentitud

Que las cenizas acostumbraron a la penumbra

Apareces destruyendo los segundos enfermos

Con un remolino que gira mudo entre las costillas

Con sus vueltas haces un sueño de colores planetarios

Un sueño de ángel en el que vamos libres por los caminos

Incendiando los gestos de barro hacia la tracción de lo celeste

Hablas desde el fondo de nosotros con íntegra llama

Como canta el pájaro que amanece hacia el único día

En tu suave voz la profundidad de la vida nos nombra

Javiera Leonor Eskuche

3 janv. 2006

No se, parto de allí. A veces esa ignorancia es la tranquilidad en la que se mece mi alma, pero unos relámpagos se aparecen en las corrientes y dan vuelta la imagen, entonces es la tensión de la incertidumbre lo que domina la película, lo que ahoga y agobia. Pero salirse a otro paisaje es también seguir jugando con otros objetos y ¿a dónde está la luz ?
Este momento de querer entender me agota y me quiebra el mismo entendimiento, en sí no es nada y atrae puros enredos, la actitud que subyace esta voluntad es demasiado humilde y por eso algo demasiado humano no la deja comprender.
Quiero que ella me guíe, no la egocéntrica máscara que todavía necesito.
Basta.