Todo lo que me ha ocurrido, de lo que pudiera lamentarme surge de mi actitud demandante y altiva; como si quisiera reivindicar algo de mi que no tiene coherencia, un caos ingenuo. De los crueles seres que me han deshonrado ninguno actuó en una escena solitaria, allí estaba también mi individualidad carcomida por la inseguridad del afecto, de la valía.
Esta visión me hace perdonar y perdonarme. Sin embargo no me hace condescendiente. Mi perdón viene por respeto a quién soy y quien quiero ser. Solo desde ahí puedo curar mi auto-estima y con ello mi potencial amor. Respetarme es algo que me cambia.
Este lugar donde hicieron erupción las experiencias de mayor dolor y aislamiento, es el sitio donde me borré. Veo una larga lista de desaciertos y vanas intenciones, desproporcionadas, angustiadas: débiles en el fondo. Los sentimientos pueden aflorar, ser tercos, rebeldes, titánicos; pero hay un jinete que aprende a domarlos. Este es mi despertar. Ahora contengo la complacencia de ceder a un otro que prueba el poder que tiene sobre mí, porque quiero un lugar, un lugar para mí. Necesito la paz de mi consciencia y en todo mi ser para lograrlo. Seguiré las huellas o haré las mías propias con la sola certeza que: estoy honrando mi vida, esta historia que acontece como lo más valioso en mi cuerpo y mi alma.